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¿POR QUÉ LAS EMPRESAS SIGUEN YENDO A JUICIO? CINCO MOTIVOS PARA UTILIZAR LA MEDIACIÓN
Publicado en
04.07.26
Si la mediación permite resolver disputas de forma más rápida, económica y eficaz que un proceso judicial, ¿por qué los juzgados siguen colapsados? ¿Por qué, en muchas ocasiones, empresas y ciudadanos eligen el camino largo, costoso y desgastante del litigio tradicional?
Tras años acompañando a personas, empresas y organizaciones en la gestión de sus disputas, he observado que la decisión de no acudir a la mediación no se debe tanto a cuestiones técnicas o legales, sino a una serie de obstáculos menos visibles: culturales, emocionales y de percepción. Analizarlos de forma objetiva puede ayudarnos a descubrir cómo superarlos para transformar el conflicto en una oportunidad de acuerdo a través de la mediación:
1. La dificultad de reconocer ante terceros que tenemos un problema
A nadie le gusta admitir que está atravesando un conflicto que no ha podido resolver por sí mismo. Existe una tendencia natural a pensar que pedir ayuda puede interpretarse como una muestra de debilidad o incapacidad.
En el ámbito corporativo, esta percepción es habitual: directivos, socios o responsables de equipos suelen asumir que deberían ser capaces de gestionar cualquier discrepancia internamente. Admitir que una situación se ha estancado y que puede ser útil contar con un tercero neutral -un mediador- a veces genera incomodidad.
Sin embargo, los datos de gestión organizacional sugieren otra lectura: detectar un bloqueo y recurrir a apoyo especializado cuando el conflicto afecta a las relaciones, las decisiones o los costes es una medida de prudencia y responsabilidad. Así como se normaliza la consulta a asesores financieros, legales o de salud, la intervención de un mediador responde a una necesidad práctica: facilitar el diálogo cuando la carga emocional o el deterioro de la confianza dificultan los canales ordinarios de comunicación.
2. El deseo de que la otra parte pierda pesa más que resolver el problema
Aunque pocas personas lo expresan abiertamente, esta es una de las razones más frecuentes por las que muchos conflictos se estancan. Es ese momento, en que el conflicto deja de centrarse en el problema original y pasa a centrarse en la persona. En ese punto, la energía ya no se orienta a resolver, sino a “ganar” o a que la otra parte asuma consecuencias. La realidad es que esta lógica suele perjudicar a todos. Las relaciones se deterioran aún más, los costes aumentan y las posibilidades de acuerdo disminuyen.
La experiencia demuestra que los conflictos más complejos rara vez se resuelven mediante la imposición. Se resuelven cuando las partes encuentran una solución viable para todas las partes. La mediación facilita precisamente ese cambio de mirada, sin exigir renunciar a posiciones legítimas ni dejar de lado lo ocurrido. El objetivo es pasar de la pregunta: “¿quién tiene razón?” a un planteamiento más pragmático "¿Cómo podemos resolver este problema de la mejor manera posible?". Se trata de priorizar la solución por encima de la confrontación.
3. La creencia de que un tercero no puede aportar nada nuevo
Es frecuente escuchar el argumento de que: “Ya hemos hablado todo lo que había que hablar. ¿Qué puede aportar un mediador que yo no haya dicho ya?”. La respuesta es sencilla: el valor del mediador no está en aportar respuestas prefabricadas, ni en proponer ideas propias, sino en facilitar las condiciones para que las partes puedan retomar una conversación de forma diferente.
A menudo no faltan ideas ni propuestas. Lo que falta es un espacio seguro, neutral y una gestión adecuada de la interacción, donde esas propuestas puedan escucharse y analizarse sin la carga emocional acumulada. La práctica evidencia que cuando las personas vuelven a escucharse de verdad, identifican intereses comunes y comprenden mejor las necesidades de la otra parte, aparecen opciones de acuerdo que antes parecían imposibles.
4. El gran desconocimiento sobre qué es realmente la mediación
Aún hoy, muchas personas no tienen claro en qué consiste la mediación o tienen percepciones que no se ajustan a su funcionamiento. Algunas creen que implica renunciar a derechos legales o que el mediador va a ejercer presión para forzar un acuerdo. Asimismo, es habitual vincular esta herramienta de forma exclusiva al ámbito familiar.
Nada más lejos de la realidad. La mediación opera con éxito en conflictos empresariales, societarios, laborales, comerciales y entre otros muchos. Es una herramienta flexible que permite adaptar el proceso a las necesidades concretas de cada caso, manteniendo las partes el control absoluto sobre el resultado.
5. La intervención tardía
Por último, con frecuencia, la mediación llega demasiado tarde, cuando las posiciones están muy polarizadas, con posiciones tensas y el desgaste es severo. Los análisis de costes demuestran que la intervención temprana en la resolución de un conflicto ofrece mayores tasas de éxito que la gestión de disputas enquistadas.
No se trata de obligar a nadie a utilizar la mediación, sino de garantizar que las personas conozcan esta posibilidad antes de embarcarse en procesos que destruyan la relación y multipliquen los costes. Es una oportunidad para transformar nuestra forma de gestionar los conflictos.
Cuando se constata que solicitar intervención externa es compatible con una gestión responsable, que resolver es más útil que prolongar la confrontación y que una figura neutral, el mediador profesional, aporta método al diálogo, la mediación pasa de ser una alternativa secundaria a una herramienta estratégica. Porque, en el fondo, la pregunta no es si la mediación funciona, sino cuánto coste económico, emocional y relacional estamos dispuestos a seguir pagando por no utilizarla.
Jorge Miralles Andress
Mediador empresarial/Economista
CEO Acordemos











